Fosteritos en Bilbao: la joya del metro que cambió la ciudad antes incluso del Guggenheim

Se habla muchísimo de que Bilbao cambió a raíz del Guggenheim. Y sí, el museo nos puso en el mapa mundial. Pero si lo piensas bien, el cambio empezó antes. Dos años antes, para ser exactos, con la inauguración del Metro de Bilbao, y sus icónicos fosteritos. Y no solo por llegar más rápido de un barrio a otro. El metro trajo otra cosa: una estética, una forma nueva de mirar la ciudad… y un icono que hoy no necesita explicación. Porque tú dices “fosterito” y en Bilbao todo el mundo sabe de qué hablas.

Este post es un pequeño homenaje a esas bocas de metro que llevan más de 30 años en Bilbao con un diseño que, sorprendentemente, sigue pareciendo moderno.

Índice del artículo

Qué es un fosterito y por qué todo bilbaíno sabe lo que es

Un fosterito es, básicamente, la boca que cubre muchas entradas del Metro de Bilbao. Una estructura de acero y vidrio que protege el acceso y que se ha convertido en parte del paisaje urbano.

Lo curioso es que, aunque nació como elemento funcional, rápidamente se convirtió en un icono de la villa. Igual que dices “quedamos en Moyúa”, mucha gente ha dicho alguna vez lo de que “quedamos en el fosterito de Abando”.

De boca de metro a icono cotidiano

Hay diseños que pasan desapercibidos y diseños que se te quedan. Los fosteritos son de los segundos. No gritan, no compiten con el resto de la ciudad, pero tienen personalidad. Ese arco limpio, transparente, casi futurista… un verdadero icono de los elementos urbanos a nivel global.

Y como prueba de ello, con los años han terminado apareciendo en carteles, fotos y mil referencias visuales de Bilbao. Hasta tal punto de que Metro Bilbao decidido blindar su imagen para que no fuese utilizado sin su consentimiento.

Por qué se llaman así: Norman Foster y el apodo que se quedó

El nombre viene de su diseñador, Norman Foster. El arquitecto británico fue el responsable del diseño del metro. El apodo “fosterito” se popularizó como forma cariñosa de hablar de esas bocas de metro que tanto gustaron desde el principio y tan bien encajaron en el paisaje urbano de ese Bilbao que estaba cambiando.

Una nueva arquitectura para el nuevo Bilbao

La transformación de Bilbao no fue solo estética por un museo, fue también de infraestructura, diseño y ambición.

Cuando el metro se inauguró, no solo conectó mejor la ciudad, también instaló modernidad en el día a día, y nos hizo ver que el cambio era posible y que iba en serio, que realmente estaba pasando.

Ten en cuenta que hasta entonces solo se había visto; por un lado la demolición y desmantelamiento de industrias como los Astilleros Euskalduna, y por otro lado una gran cantidad de maquetas, representaciones en 3D y renderizados de lo que iba a ser el nuevo Bilbao. Muchos de ellos, como el Cubo de la Alhóndiga, se cancelaban pro falta de consenso entre las instituciones. El escepticismo estaba justificado. 

Por eso se percibe que ahí empezó todo. Porque no es lo mismo mejorar un transporte que cambiar cómo se siente la ciudad cuando te mueves por ella. Y los fosteritos hicieron justo eso. Aparecieron por todas partes como pequeñas señales de que Bilbao estaba entrando en otra etapa.

El metro llegó antes que el museo: la modernidad empezó por la movilidad

Mientras el Guggenheim se llevó los titulares, el metro fue el cambio silencioso. El que notas cuando lo usas, cuando te mueves, cuando Bilbao se vuelve más pequeño y más accesible. Y en la superficie, los fosteritos se convirtieron en la firma visible de esa modernidad.

Cómo un transporte puede cambiar la estética y el orgullo de una ciudad

Lo potente es que el fosterito no se siente como un adorno. Es útil, protege de la lluvia, ordena accesos… pero también da identidad. Y eso, con el tiempo, crea orgullo. De repente tienes algo que es tuyo, reconocible, repetible por toda la ciudad y con un diseño que está envejeciendo de maravilla.

Un fosterito del metro de Bilbao en la Plaza Moyua un día soleado.

Una nueva arquitectura para el nuevo Bilbao

No sé si te pasa, pero cuando llevas años viéndolos, se vuelven casi invisibles… hasta que alguien de fuera le llama la atención y te lo comenta. Y ahí te das cuenta de que no es normal que una entrada de metro sea tan elegante y tan reconocible.

Qué tienen de especial: forma, luz, materiales y sensación de futuro

La mezcla de acero y vidrio les da ese punto limpio y ligero. Y la transparencia es clave, ya que no te encierra la boca, no te clava un bloque opaco, sino que deja pasar la ciudad. Es como si el acceso al metro fuese una transición suave, no una ruptura.

También hay algo muy bilbaíno en esto. El diseño es moderno, pero no pretende ser protagonista, sino acompañar.

Y lo más relevante. Han pasado 30 años y no te dan sensación de viejo. Estéticamente han envejecido muy bien, siguen pareciendo muy modernas.

Hoy es inimaginable un Bilbao sin un fosterito, porque ya no son lo nuevo… son lo de siempre, pero sin haber perdido frescura.

Imagen en blanco y negro de un fosterito del metro de Bilbao

Cultura fosterito: quedadas, carteles y postal bilbaína

Cuando algo funcional se convierte en parte de la identidad de Bilbao, como San Mames, el Guggenheim, el Casco Viejo o los pintxos, es que alguien ha entendido muy bien la idiosincrasia bilbaína.

Por qué han envejecido tan bien (30 años después siguen modernos)

Esto no lo consiguen muchas piezas urbanas. Un semáforo no te genera identidad. Una papelera tampoco. Pero el fosterito sí. Porque es reconocible, porque está en puntos de paso, porque lo ves mil veces y porque, sin darte cuenta, se convierte en referencia.

Se puede decir que el fosterito no es solo un objeto de mobiliario urbano, es parte de la identidad de Bilbao

El fosterito como símbolo y por qué es más Bilbao de lo que parece)

Que se use en carteles y representaciones de la ciudad tiene lógica, aunque esto implique que su uso se haya realizado con mayor o menor acierto.

Es diseño, es calle, es metro, es vida normal. Y en cierto modo, es un recordatorio de esa etapa en la que la ciudad decidió ponerse seria con la modernidad… no solo para la foto, sino para el día a día.

Un autógrafo con dedicatoria de Norman Foster realizado en una pared del metro de Bilbao.
Si Norman Foster was here. Por cierto, es zurdo.

Un pequeño homenaje a una obra que ya es parte del paisaje

Al final, la gracia de los fosteritos es que no piden atención… pero la merecen. Son de esas piezas urbanas que, sin darte cuenta, te acompañan toda la vida, te cubren cuando llueve, te guían cuando vas con prisa, te sirven de punto de encuentro, y acaban formando parte de la identidad de la ciudad.

Y por eso me gusta insistir en la idea: Bilbao no cambió solo por un museo. Bilbao cambió cuando la modernidad bajó al subsuelo y subió a la calle en forma de estas bocas de metro. Han pasado 30 años y seguimos sin darnos cuenta de lo bien que encajan. Precisamente por eso, porque ya son Bilbao.

Preguntas típicas sobre los fosteritos

¿Qué es un fosterito?

Es el nombre popular de muchas entradas del Metro de Bilbao. Consiste en unas marquesinas de acero y vidrio que cubren el acceso.

A las bocas del metro de Bilbao se les conoce como fosteritos en honor a su diseñador, el arquitecto británico Sir Norman Foster.

Se parecen mucho, pero no siempre son idénticos. Cambian tamaño, inclinación, integración con la acera y el entorno, y en algunas estaciones hay soluciones distintas.

Sí. Hay estaciones donde la entrada principal no usa la típica marquesina curva de vidrio y acero, sino otra solución arquitectónica. Por ejemplo en estaciones como Sarriko o San Ignacio la entrada es rectangular, y en otras como en Deusto no hay cubierta.

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