14 Curiosidades del Museo Guggenheim Bilbao que no Conocías

Hay ciudades que cambian para siempre gracias a una sola obra, y en Bilbao ese papel lo asumió el Museo Guggenheim. Si bien es cierto que no consistió simplemente en levantar una museo y ya está, ya que fue una pieza más de una compleja y elaborada reflexión estratégica con el propósito de cambiar el motor económico de Bilbao, su papel fue determinante. 

Para muchos de nosotros el museo forma parte del paisaje cotidiano, casi como si siempre hubiera estado ahí. Pero cuando te paras un segundo a mirarlo, cuando lo ves brillar distinto en un día gris o cuando te quedas en silencio frente a sus curvas, entiendes que este edificio es mucho más de lo que parece.

He ido recopilando historias, datos y curiosidades que me han hecho mirarlo aún con más admiración. Aquí van 14 curiosidades perfectas para descubrir el Guggenheim desde otro ángulo, tanto si lo visitas por primera vez como si lo tienes a tiro de piedra.

Índice del artículo

La historia del Guggenheim Bilbao pudo ser muy diferente

El Guggenheim que vemos hoy casi no existió. Antes de que Bilbao se alzara como sede, la Fundación Guggenheim negoció primero un proyecto para abrir una filial en Madrid. Un giro inesperado hizo que esa oportunidad se frustrara, abriendo la puerta a que Bilbao presentara su propia propuesta de regeneración urbana.

La Fundación Guggenheim comenzó las conversaciones en España a finales de los años 80 y principios de los 90. Se documenta que el primer proyecto en firme fue negociado con el Banco Bilbao Vizcaya (BBV) para ser ubicado en Madrid.

Este proyecto madrileño se frustró tras el fallecimiento de Pedro de Toledo, el entonces presidente del BBV, quien era el principal impulsor de la iniciativa.

Tras el fracaso del proyecto en Madrid, miembros del banco sugirieron informalmente a la Fundación Guggenheim y a las instituciones vascas la posibilidad de retomar el proyecto, pero trasladando la ubicación a Bilbao.

A diferencia de Madrid, el País Vasco (Diputación Foral de Bizkaia y Gobierno Vasco) no solo aceptó, sino que propuso un ambicioso plan de regeneración urbana (el llamado «efecto Bilbao») del que el museo sería la pieza central, ofreciendo un paquete completo que convenció definitivamente a la Fundación para iniciar la negociación formal.

La firma a ciegas que decidió el proyecto

A principios de los años 90, Bilbao estaba en un proceso de profunda reconversión industrial. La zona de la ría donde se ubicaría el museo era un solar ruinoso y en desuso, rodeado de fábricas abandonadas y un muelle.

Las instituciones vascas temían que la visión de ese paisaje, muy alejado de la imagen de una capital cultural, pudiera hacer que Thomas Krens, director de la Fundación Guggenheim en Nueva York, se echara atrás.

Las crónicas y varias fuentes confirman que para las negociaciones finales y la firma del pre-acuerdo clave, Krens y su equipo fueron trasladados en helicóptero.

En aquella época en Bilbao, sobre todo en el puente de Deusto, se producían enfrentamientos entre la policía y los trabajadores del astillero Euskalduna (actual sede de Itsasmuseum) prácticamente todos los días. Para evitar verse envueltos en algún tipo de incidente, el traslado de los miembros de la fundación Guggenheim al futuro solar donde se levantaría el museo se realizó en helicóptero.

Sin poder confirmar si el propio presidente de la fundación o algún miembro de su equipo volvió a visitar el solar por tierra, lo cierto es que la firma para acuerdo sobre la construcción del Museo Guggenheim en Bilbao se realizo prácticamente a ciegas.

Como puedes ver en la imagen de abajo, el museo ya estaba en marcha, y todavía se encontraba rodeado de contenedores, vías de tren y fabricas abandonadas.

Guggenheim_abandoibarra_1998
Mikel Arrazola/Wikipedia commons

Cuando Bilbao dudaba del museo

Hoy es un símbolo indiscutible, pero para una generación de bilbaínos, el Guggenheim fue la ‘lata de sardinas’ o «la caseta del perro», en referencia a Puppy.

Al principio, el coste y la vanguardia de Gehry fueron motivo de profunda división. Artistas de la talla de Jorge Oteiza, que bautizó el proyecto como «una Disneylandia que parece un escaparate de quesos y cuya única intención es albergar exposiciones de arte minimalista” lideraron la crítica, negándose a exponer en lo que consideraban un acto de colonialismo cultural.

Esta resistencia inicial es la prueba más poderosa de que el ‘Efecto Bilbao’ fue un riesgo tan grande como la obra misma, y por eso, su éxito actual es tan celebrado.

Por cierto, Oteiza se reconcilió con el Museo en 1998, y en el año 2004 se organizó una gran exposición con 204 esculturas del genio guipuzcoano.

El boceto original nació en una servilleta

La leyenda cuenta que Frank Gehry concibió la silueta del Guggenheim en una servilleta de papel (o un trozo de papel suelto) durante una reunión en San Sebastián. Esta ‘inspiración de sobremesa’ no fue solo un dibujo, sino el contrato visual de lo que Gehry podía hacer.

Aunque el diseño final fue desarrollado con la ayuda del software CATIA, ese primer trazo espontáneo sirvió de concepto generador para el volumen y el espíritu de la obra.

Placas de titanio desde el Museo Guggenheim

Es de titanio gracias a un día nublado

El titanio es la piel del Guggenheim, pero su elección fue un afortunado accidente. Gehry pensaba en el frío acero, hasta que un día gris y sin sol probó una lámina de titanio. Fue un momento de revelación: en lugar de reflejar, el material captaba la luz ambiental y la devolvía con un suave brillo dorado.

Este golpe de suerte definió la estética del museo.

Usar titanio era más caro que el acero, pero la Fundación Guggenheim y el Gobierno Vasco lo aprobaron por el impacto visual único que tendría en la ría y su entorno. Se utilizaron aproximadamente 33.000 láminas de titanio.

Es la razón por la que, el Guggenheim nunca es el mismo: en los días de lluvia, cuando el cielo se apaga, el gigante de titanio brilla más cálida que nunca.

Un edificio sin una sola superficie plana

No hay paredes rectas.

Ni una.

Todo son curvas, torsiones, formas orgánicas que desafían la construcción tradicional, así que si te pierdes o desorientas en tu primera visita, no te preocupes: es parte de la experiencia de visita.

No hay paredes ni ángulos rectos en sus volúmenes principales. El museo es una obra de escultura viva pensada para que te ‘dejes llevar’. Para lograr estas torsiones orgánicas que desafían la gravedad, el equipo de Gehry tuvo que usar software utilizado en el sector aeroespacial.

Es la única forma de construir un edificio en el que la arquitectura es una ola y el visitante, una parte de su marea.

Museo Guggenheim

La piedra que costó encontrar y llegó desde Granada

Más allá del titanio, la base del Guggenheim esconde una historia de integración: Gehry no quería que el edificio aterrizara en Bilbao como un ovni. Buscó un tipo de piedra caliza que dialogara directamente con la arquitectura clásica de la ciudad.

Tras una difícil búsqueda, eligió la piedra de Huéscar, Granada.

¿Por qué una piedra andaluza?

Porque su tono crema pálido combinaba a la perfección con otros edificios de la villa, uniendo el pasado de Bilbao con su futuro a través de un material terrenal y discreto.

La fachada inspirada en plumas y escamas

Detrás del genio de Gehry no hay solo software aeroespacial, sino también la simple observación. Para lograr esa textura y ese efecto de movimiento orgánico en la piel del museo, el arquitecto se inspiró en la naturaleza: estudió cómo se solapan las escamas de los peces y las plumas de las aves.

Al replicar ese sistema en las 33.000 láminas de titanio, creó una textura que absorbe la luz y la devuelve con vida, convirtiendo al Guggenheim no solo en un edificio, sino en un animal metálico que respira al borde de la ría.

Atrio Museo Guggenheim Bilbao

El software de aviones que lo hizo posible

El software CATIA (Computer Aided Three-dimensional Interactive Application) fue desarrollado por la empresa francesa Dassault Systèmes, originariamente para el diseño y la fabricación de aviones.

Gehry y su equipo fueron los primeros arquitectos en utilizar CATIA para traducir las formas orgánicas y complejas de una maqueta física (que Gehry hace en cartón y otros materiales) en un modelo digital preciso, donde cada punto tiene coordenadas matemáticas.

Sin él, las curvas del Guggenheim habrían sido imposibles de construir.

Puppy, el perro de flores que casi no llega a Bilbao

El icónico Puppy de Jeff Koons no nació en Bilbao, sino en Sídney, Australia, para una exposición temporal en 1995. El Guggenheim lo ‘adoptó’ para su inauguración, convirtiéndolo en un residente permanente.

Sin embargo, su belleza es exigente: el perro está cubierto por casi 40.000 flores naturales que deben ser reemplazadas dos veces al año

Mucha gente piensa que fue creado para el museo, pero en realidad el perro del Guggenheim… fue “adoptado”.

Puppy, el perro del Museo Guggenheim Bilbao

Mamá, la araña que homenajea a una madre

La madre más grande (y más inquietante) de Bilbao. La imponente araña de la ría, Mamá (Maman) de Louise Bourgeois, no es una pieza de arte aleatoria. Es un monumento a la madre de la artista, que trabajaba como restauradora de tapices.

Para Bourgeois, su madre, como una araña, era una figura protectora, hábil, y reparadora, pero también, como todo arácnido, inquietante.

Por eso, esta criatura, que lleva un saco de huevos de mármol bajo su abdomen, vigila el museo: es la guardiana tejida que protege y da vida al arte que alberga dentro.

Araña Museo Guggenheim

La obra de 176 toneladas que necesita refuerzo propio

Mientras que el exterior del museo parece ligero, flotante y cubierto de titanio, el interior esconde un secreto de ingeniería: la obra La Materia del Tiempo de Richard Serra. Esta instalación monumental está compuesta por 38 planchas de acero que conforman 7 esculturas, y cuyo peso varia entre 44 y 176 toneladas.

Para que el suelo de la Galería ArcelorMittal no cediera, los ingenieros tuvieron que construir una estructura de cimentación y pilares especial que llega a las profundidades del subsuelo.

Es una paradoja de la arquitectura: el museo está preparado para acoger arte tan pesado, que requiere una base estructural tan robusta como si fuera a levantar un rascacielos.

Esculturas Richard Serra Museo Guggenheim Bilbao

La exposición más visitada de su historia

La exposición más visitada de la historia del Museo Guggenheim Bilbao es «Símbolos y objetos. Arte Pop de la Colección Guggenheim» (Signs and Objects. Pop Art from the Guggenheim Collection), con 882.658 visitantes entre febrero y septiembre de 2024.

Esta muestra superó a otras destacadas como «Yayoi Kusama: 1945 hasta ahora» (más de 560.000 visitantes en 2023) y «Motion. Autos, arte y arquitectura» (750.000 visitantes en 2022).

Según los datos oficiales del museo, se trata del récord absoluto hasta la fecha, y contribuyó a que 2024 registrara 1.301.343 visitas totales al museo.

Hay 4 museos Guggenheim más en el mundo

El Guggenheim Bilbao no es un museo más, es una pieza clave en un club global extremadamente selecto. Forma parte de la red de la Fundación Solomon R. Guggenheim, una familia de museos con solo tres sedes operativas en el mundo (Nueva York, Venecia y Bilbao), y uno más en camino para el 2026.

Esta nueva sede se encuentra en Abu Dhabi, y no te vas a creer quien es el arquitecto. El mismísimo Frank Ghery.

Museo Guggenheim al atardecer

Cierre

El Guggenheim es uno de esos lugares que no se ven igual dos veces. Según el día, según la luz, según tu propia historia con la ciudad, descubres algo distinto.

Personalmente, cada vez que lo veo brillar tras una lluvia o cuando lo rodeo paseando por la ría, vuelvo a pensar en lo arriesgado que fue levantarlo y en lo bien que salió la apuesta. Hoy es fácil celebrarlo; entonces, no tanto.

Y como consejo te diré que dediques tiempo no solo a entrar… sino también a rodearlo, a observarlo y a dejar que te sorprenda.

Eso también es parte de la experiencia.

*Este artículo se publicó un viernes 5 de diciembre por la mañana. Ese mismo día nos enteramos del triste fallecimiento de Frank Ghery. Así pues, este artículo puede considerarse un pequeño homenaje  su figura y su legado.

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LanderMat
Soy el que va en bici por la ciudad visitando sitios, probando platos y buscando historias para luego contarlas aquí.🐉Yo tampoco me hubiese enterado de que había un Tiranosaurio en la sala.

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